Historias de amor reales #4

Historias de amor_4

Esta es la cuarta entrega (y espero no sea la última:-)) de una de las secciones preferidas de muchas madres de la Comunidad, Historias de amor reales.

Hoy me gustaría presentarles las historias de Lizbeth y Romina, una mexicana y una peruana que se enamoraron perdidamente de sus alemanes y lo dejaron todo por ellos. Las dejo con ellas…

Benni y Lizbeth

Nosotros nos conocimos un 13 de junio del 2010 en un restaurante alemán durante el partido Alemania VS. Australia de la copa mundial de futbol.

Benni llegó ahí por un grupo de alemanes en México de internet que se reunirían para ver el partido y no sentirse tan lejos de casa. El anuncio citaba a todo alemán que quisiera presentarse sin más en una estación del metro para de ahí partir al restaurante y como él estaba cansado de salir solamente con colegas, asistió de inmediato.

Yo llegué gracias al interés de mi amiga Magaly por ver el partido en compañía de alemanes y así no sentir tanta nostalgia por su entonces novio y ahora esposo también alemán.

Resulta que una noche antes, habíamos salido a bailar y conocimos a otro alemán que estaba interesado en conocerme. Al tener solo negativas mías aprovechó el interés de Magaly y nos invitó al famoso restaurante para ver el partido.

Ahí todos nos hicimos amigos y seguimos la fiesta hasta tarde en casa de otra amiga mía, fue tan bueno el ambiente que intercambiamos contactos y quedamos para próximas reuniones, pero nada especial… claro… según yo.

El contacto con él siguió esa semana por celular e internet…y lo que yo creía que era una buena amistad, porque ambos teníamos nuestros respectivos compromisos, terminó el 18 de junio con un beso.

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La verdad fue poco tiempo el que pasamos juntos pero contundente, pues ese mismo verano Benni regresó a Alemania para terminar con una relación de 9 años. Debió organizar mudanza, vender cosas en común y regresar a México libre y dispuesto a comenzar conmigo una historia incierta.

Mientras tanto yo esperé a mi novio de uno de sus tantos viajes para darle la noticia y de esta forma poder aventurarme a una relación que mínimo tenía un año de vigencia. Después habría que ver qué pasaría, pues el alemán debía regresar a su patria.

Ese año la pasamos viajando por México, con altibajos, con gente entrometida, muchos chismes, muchas anécdotas divertidas y 3 meses de vivir juntos. Pero de pronto llegó el día en que se terminaba su contrato y debíamos pensar en el futuro.

Acordamos probar con una relación a distancia, era de nuevo verano y el obtuvo contrato en Hamburgo, encontró departamento y yo prometí viajar en diciembre y quedarme todo un mes para conocer Alemania, a su familia y replantear el siguiente paso.

Pero al final no obtuve las vacaciones prometidas en mi trabajo así que sin más Benni se presentó en octubre en México y me entregó un avión en miniatura, cosa que no entendí hasta que dijo “Yo no puedo más con esta distancia, no sé qué va a pasar pero te quiero ver a mi lado en Alemania, así que te compré tu boleto de avión para el 24 de diciembre y quiero hablar con tu familia o lo que se acostumbre aquí…”

Así fue como renuncié a mi trabajo, empaqué 30 años de mi vida en 3 maletas y un 24 de diciembre como regalo de navidad llegué a tierras germanas cargada de sueños y con cero conocimientos de alemán o de este país.

El aeropuerto estaba desierto y yo sin dinero para el carrito donde llevar mis maletas. Por suerte una pareja de estadounidenses me regaló todas las monedas que tenían en el bolsillo deseándome mucha suerte y así fue.

El nueve de marzo nos casamos por la vía civil aquí en Hamburgo. Para enero del siguiente año recibimos nuestro primer hijo y hace un año celebramos nuestra boda religiosa en México…y dicho sea de paso… aquellas monedas que me regalaron en el aeropuerto me acompañaron pegadas a la suela de mis zapatos de novia trayéndonos más suerte con un 4 miembro a la familia y nuevos bríos para enfrentar los retos de esta pareja bicultural.

Enviada por Lizbeth T.

 

Romina y Chris

Nuestra historia empezó en Ginebra, Suiza, donde Chris y yo trabajamos antes de venir a Hamburgo.

La primera vez que nos conocimos fue en el cumpleaños de un amigo. Ahi solo nos dijimos “hola” y “chau”. Pero fue en otra reunión organizada por una amiga mía poco tiempo después en un bar en Ginebra que él me pidió mi teléfono, “ya que su trabajo quedaba tan cerca de mi casa, podíamos ir a tomar algo algún día” dijo él. Me pareció excelente idea, pues yo para ese entonces estaba soltera.

Así pasó el tiempo entre una comida y algunos encuentros en bares que comenzamos a conocernos y me di cuenta de lo simpático que era. Mi mejor amiga me preguntaba qué pasaba con él y yo siempre le decía “nada, somos amigos nomás”. Ella siempre me dijo que le caía muy bien.

La noche decisiva llegó cuando su mejor amigo, al cual yo ya había conocido para ese entonces, me invitó a su fiesta de cumpleaños. Chris sugirió ir a comer antes de ir a la fiesta juntos, lo cual acepté. Esa noche bailamos y conversamos y comencé a darme cuenta que de repente era algo más que un simple amigo…

Nos vimos regularmente y entre períodos de indecisión y momentos que decía que estaba segura que me gustaba, finalmente caí en razón que Chris era el chico para mí. Vivimos un año en Ginebra esquiando, trabajando y saliendo con amigos hasta que él me dijo que por razones de trabajo le habían propuesto trasladarse a Hamburgo. Yo, un poco cansado de la vida en Suiza, le dije que la idea me ilusionaba mucho.

Nos mudamos a Hamburgo y pocos meses después de llegar por suerte conseguí trabajo ya que aprendí alemán en el colegio, tomé unos cursos de alemán pero la adaptación fue bastante fácil…aunque al clima nunca me adaptaré!
Un año después me preguntó si me quería casar con él, y claro que la respuesta fue un “sí”. Con Chris aprendí entre muchas otras cosas el amor al buen vino, a la buena comida, a los viajes a lugares inimaginables y hasta guardo un pequeño lugar en mi corazón para Alemania.

Este año cumpliremos cuatro años de matrimonio con nuestro segundo bebé en camino y seguro que mucho más viajes, proyectos y experiencias juntos.

Enviada por Romina B.
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