Historias de amor reales #1

historias de amor reales

Hoy estrenamos sección nueva en el blog y le damos un espacio a las Historias de amor reales…esas historias que cuando las escuchamos nos arrancan una sonrisa y un suspiro.
No, ayer no vi ninguna película romanticona :-) Es que hoy, 22 de julio de 2015, estamos cumpliendo con mi esposo 10 años de casados.
Estos días recordaba cómo nos habíamos conocido…en una hermosa ciudad como Madrid…lejos de mi país y él lejos del suyo.
Esta es nuestra historia en 7 frases (si desean leer un poco más sobre mi historia lo pueden hacer en el post Por qué me vine a vivir a Alemania)

¿Dónde nos citó el destino? En un curso de salsa en el centro de Madrid.

¿La descarada? Yo, por supuesto, que se lanzó a hablarle al rubio, alto, de ojos azules, sin saber si le entendería. Bueno…para ser sincera, lo acribillé a preguntas…

¿El despistado? El alemán. Él iba muy a su bola (diría mi amiga la española), prestando atención a sus pies para no pisar a nadie.

¿El culpable? Tobías. Así se llamaba nuestro compañero de curso (también alemán) que hizo de celestina.

¿La cómplice? Mi mejor amiga en España, Emilce, una argentina que me hacía la pata en todo y me acompanó el día que salimos los 4 a tomar algo.

¿El lugar de los hechos? Un bar, si mal no recuerdo, un bar irlandés, donde el alemán me besó por primera vez. Y eso que era la primera cita 😉

¿Casualidad? No! a esto le llamo yo DESTINO.

Seguramente también les haya pasado que cuando conocen a una latinoamericana o a una española y les cuenta que su esposo es alemán, lo primero que quieren saber es ¿Cómo se conocieron? A mí me ENCANTA escuchar esas historias y aunque a veces se parezcan entre ellas, cada una tiene algo muy especial.

Hoy para estrenar la nueva sección en el blog “Historias de amor reales” tenemos dos relatos que se desarrollan en dos países de Latinoamérica. ¿Las protagonistas? Una argentina y una mexicana que se enamoraron perdidamente de dos alemanes y se vinieron a vivir a Alemania por AMOR.

 

La historia de amor de Torsten y Lorena

“Cúando me preguntan cómo fue que conocí a Torsten, no puedo dejar de sonreir.  Muchas veces pienso que si uno u otro hubiera tomado en su momento una decisión diferente quizás no estaría hoy escribiendo estas líneas.

Yo venía de una etapa muy depre: había terminado una relación que, para ese entonces, pensaba que había sido el amor de mi vida.  Habia adelgazado, no tenía ganas de hacer nada, mi trabajo ya no me llenaba cómo antes, habia dejado de hacer las cosas que me gustaban. Estaba como perdida.

Él venia de terminar la Universidad y junto a un buen amigo decidieron que antes de empezar a trabajar debían hacer un gran viaje y recorrer algún país lejano de punta a punta en sus Mountainbikes. Un país que no conocieran… Fue así como su amigo propuso Argentina, y él aceptó.

En ese entonces yo tenía una amiga llamada Ana que a su vez era muy buena amiga de una chica alemana, que cómo adoraba Argentina, venía de viaje bastante seguido.

Una semanas antes habían estado juntas de vacaciones en Mendoza (Argentina) y pararon en un hostel. Torsten, mi marido, y su amigo también estuvieron allí. Cuando ella escuchó que hablaban alemán (idioma que en Argentina casi ni se escucha) se les acercó. Allí se presentaron, hablaron, compartieron un par de comidas y luego cada uno siguió su rumbo sin intercambiar números ni mails, ni nada.

Un día mis amigos, cansados de que siempre les pusiera excusas para salir, me insistieron tanto que decidí aceptar y salir con ellos.

Como aún no estaba “preparada” para una salida de las nuestras (éramos bastante salidores) les pregunté si no les molestaba hacer una reunión sencilla en el bar de mi hermano (un lugar “safe” para mí).

Nadie tuvo problemas y quedamos en encontrarnos allí. Cuando tocó el turno de llamarla a Ana para avisarle, me dijo que no podía ya que estaba con la chica alemana, pero que si ella también estaba invitada podrían ir las dos, a lo cual obviamente acepté ya que la conocía de otras oportunidades.

Y así fue cómo después de meses de estar encerrada en mi mundo me junté nuevamente con mis amigos. Era una reunión pequeña, pero ahí estaba toda la gente que yo quería.  Si bien la reunión fue super divertida, yo no me sentia del todo bien.  Pasar del encierro total a la diversión fue un paso muy abrupto.

Cuando llegó la alemana, me dice al saludarme:  “espero que no te moleste…pero invité a dos chicos”

Le contesté que no tenía problemas, pero en realidad muy dentro mio no tenia ánimos de conocer gente nueva…  Pero llegó él y lo cambió todo.

Todavia recuerdo su sonrisa… tratando de abrir la puerta de vidrio sin éxito (que estaba cerrada con llave).

Después de unos años mi marido me contó que ese día, al mediodía, se habían encontrado por ca(u)sualidad en San Telmo con la chica alemana y que ella les comentó de la reunión.  Su amigo, que normalmente no es de salir de noche y mucho menos a lugares con gente que no conoce, le insistio de ir y aunque mi marido estaba muy cansado ya que habian estado andando en bicicleta por días, no sabe por qué, pero cedió ante la insistencia de su amigo aún no teniendo realmente ganas.  Finalmente, fueron al bar.

Se presentaron y él se sentó en la otra punta. Casi no tuvimos oportunidad de hablar, pero nos hablabamos con la mirada.  No sé porqué, pero había algo en él.  No era mi tipo, pero habia algo que hacía que no pudiera dejar de mirarlo.

Pasaron las horas, de ahi nos fuimos a otro bar en taxis separados.  Parecia que todo el tiempo una u otra cosa nos mantenía lejos.

Al llegar al lugar, otra vez, tuve que sentarme en la otra punta.  Ya habia perdido las esperanzas de hablar con ese chico tan intrigante.  Él parecía tímido y yo no me animaba a acercarme. Casi al final de la noche, me levanté para ir a la barra y cuando vuelvo mi lugar estaba ocupado!  Al buscar un sitio libre, él estaba ahi. Me senté y me sentí tan nerviosa como una quinceañera. Pero enseguida comenzó a hablarme en inglés (porque su español era tan malo como mi alemán) a contarme de su vida y a preguntarme por la mía, a tratar de enseñarme algunas palabras en alemán, a pronunciar su nombre… :)

Fue como que el tiempo se detuvo. Realmente fue así. De repente todo empezó a tomar color: ya no me sentía triste. Su sonrisa, que hasta el día de hoy adoro, me sacó de ese encierro en mí misma.  Nos reíamos, nos mirábamos… De a poco mis amigos se fueron yendo.  Nos quedamos solos.

En un momento me tomó de la mano y nos dimos nuestro primer beso.

Desde ese entonces mi vida cambió completamente: Creamos un puente que venció al tiempo y a la distancia.

Me dí cuenta que todo lo que pasa, por más feo o doloroso que sea, pasa por algo. Que no existe la casualidad. Que cuando estás predeterminada a vivir algo en la vida, no puedes escaparte de ello.  Cómo la leyenda del hilo rojo del destino: este hilo puede a veces estar más o menos tenso, pero no puede romperse en ningún caso.”

Lorena S.

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“La historia de una mexicanita y su “gringo” alemán 😉

Corría el año 2000 cuando en una noche cualquiera conocí a mi media naranja…

A principios de ese año había terminado una relación sentimental con un peruano y poco a poco comprendía que las relaciones de lejos no eran para mí.

En el verano del 2000 mi mejor amiga planeaba hacer un crucero de “solteros” al Caribe con algunas compañeras de trabajo y decidí apuntarme. Me dije “quien quite y conozca a alguien interesante”.

Pobre ilusa! El crucero partió de Miami a mediados de Septiembre y aunque no conozco las estadísticas exactas creo que éramos 3 o 4 mujeres por cada pasajero de sexo masculino sobre el barco. Fiasco total! Pero al menos el crucero sirvió para hacer buenas amigas y visitar ciudades caribeñas muy bellas.

A la semana siguiente de haber regresado del crucero algunas de las chicas decidimos salir de copas. Recogí a tres de ellas y llegamos al primer bar: fiesta privada! Segundo intento: bar semi-vacío! Así que terminamos en un bar llamado Bar-celona en la ciudad de Monterrey, México a eso de las 11 de la noche.

El lugar estaba lleno pero con jóvenes que rondaban los 20s y nosotras que casi llegábamos a los 30 decidimos no experimentar con un cuarto intento y pedimos algo de tomar antes de volver a casa. La música estaba demasiado alta y no podíamos ni platicar. En fin, una bebida y nos vamos!

Una de mis amigas me comentó que un chico me estaba mirando desde hacía rato. Llevaba camisa hawaiiana y tenía pinta de “gringo” (estadounidense). Mi amiga decidió moverse de lugar para dar chance al chico de acercarse a nuestra mesa.

Lo primero que me preguntó fue si hablaba inglés. Intercambiamos un par de frases a gritos y seguí con la idea de que era de Estados Unidos. Me terminé la bebida y anuncié nuestra partida. El chico me dio la tarjeta del hotel donde se hospedaba y me quedé con cara de “What!!!”. Acaso yo debía llamarlo? Antes de salir le apunté mi teléfono en la tarjeta y se la devolví. Faltaba más! Si quería salir conmigo, tendría que llamarme.

Nos despedimos y al día siguiente me llamó para invitarme a un restaurante italiano. Ya tenía compromiso y lo mismo para el día siguiente, así que fue hasta el martes que supe que era alemán!!!

En esa primera cita supe que tenía desde julio trabajando en Escobedo, un municipio vecino de Monterrey y que sólo se quedaría dos semanas mas en su proyecto. Después volvería a Alemania para que se le asignara a otro proyecto en algún otro país del mundo.

No voy a entrar en detalles de lo que pasó en las siguientes dos semanas ni en el año siguiente que culminó en nuestro compromiso. Simplemente diré que ese 30 de Septiembre del 2000, el destino puso en mi camino a la persona indicada y que desde entonces mi vida dio un giro de 360 grados.

Yo que decía que en un bar nunca conocería a alguien que valiera la pena… Y que ya no creía en las relaciones de lejos… Terminé enamorada, casada y viviendo en un país tan lejano y diferente a México por culpa del destino.

A principios de junio del 2002 llegué a Alemania con muy poco alemán, dos maletas y muchas ilusiones. Ese día me convertí en una migrante, una mariposa migrante que debía adaptarse lo mas pronto posible para sobrevivir en su nuevo hábitat.

Ya son 13 años de ese encuentro casual con un “gringo-alemán” y como en un mapa en blanco, he ido completando mi camino con veredas, atajos y carreteras. Siempre apoyada por mi media naranja y ahora inspirada en nuestras dos hijas, seguimos escribiendo nuestro destino día con día, sin saber lo que nos depara pero confiada en que seguirá lleno de sorpresas, bendiciones y oportunidades para crecer y madurar como individuos, pareja y familia.”

Natalia G.

Otras historias de una mariposa migrante pueden leer aquí www.mariposamigrante.com

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Muchísimas gracias a Lorena y a Natalia por compartir sus historias en el blog.

¿Te gustaría compartir también tu historia de amor con nosotros? Escríbeme a info@hispamamis.com

Ya estoy ansiosa de leer tu historia :-)

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